Sherpas

Debemos al lingüista Georges Lakoff –asesor en su día del Partido Demócrata americano y autor del muy citado ensayo “No pienses en un elefante”– un sugerente trabajo sobre las metáforas y su influencia en el conocimiento. Con su obra “Metáforas de la vida cotidiana” (de la que es coautor Mark Johnson) aprendimos que lejos de ser un puro artificio del lenguaje o un recurso más de la imaginación, las metáforas son esenciales para la construcción de la comunicación y del discurso. Ellas “impregnan la vida cotidiana, no solamente el lenguaje sino también el pensamiento y la acción”. Aplicado a la pedagogía política la obra de Lakoff nos permite entender, por ejemplo, que mediante metáforas unas generaciones militantes pueden transmitir a otras no solo la materialidad de los hechos pasados y vividos, sino también, como impregnada, la vivencia subjetiva y colectiva vivida y narrada por un grupo en un tiempo social y político dado.
Viene todo esto al caso por la manera en que el ex-secretario general de LAB, Rafa Diez, se ha referido a la declaración de Lizarra cuyo aniversario –¡20 años ya!– celebramos estos días. Dice el dirigente de Sortu –el pasado día 9 en El Correo– que “LAB y ELA fueron los sherpas de Lizarra” y que la unidad de acción sindical “sirvió de cuña” para que los partidos nacionalistas abordaran el debate sobre otro marco jurídico. Urgía, parece sugerir la metáfora, abandonar “el campo base” del estatutismo para subir la gran “montaña” del soberanismo. Una apuesta arriesgada que requiere de apoyaturas. Para ello, los partidos, “himalayistas”, precisaron de subalternos, de “sherpas”, actores secundarios de la hazaña que van abriendo camino y transportando la carga de quienes han de coronar con éxito la cima. Los sindicatos sirven así de “cuña”, a modo de pieza interpuesta cuyo ser se agota en la función de afirmar y fortalecer a los partidos llamados a la gloria.
Las metáforas de R. Diez expresan certeramente, a buen seguro, el sentir de LAB durante el tiempo que va desde febrero de 1994 (con la primera manifestación conjunta por un marco vasco de relaciones laborales) hasta septiembre de 1998. La entente sindical habría cumplido, en ese sentido, una función subalterna de sherpa y de cuña. Una función importante, pero secundaria respecto a lo que estaba en juego, a saber, que los partidos procediesen a la revisión del marco jurídico sancionado en la transición política española. Bastaría repasar la hemeroteca para concluir que, efectivamente, para el entonces secretario general de LAB, el sindicalismo abertzale debía jugar ese papel. El actual dirigente de Sortu ha sido siempre fiel a esa idea, y sigue siéndolo. Tanto que el pasado 19 agosto (en el Diario Vasco) se lamentaba diciendo que el sindicalismo abertzale “no existe ya como sujeto político” responsabilizando a ELA de mantener una actitud de “mero analista observador sin una praxis coherente”. ¿No coherente con qué? No coherente con el hecho de que “hemos sacado el proceso del andén y lo hemos situado otra vez en los raíles”. Así, ahora, el proceso soberanista no es una montaña sino un tren, cuyas máquinas son el acuerdo de bases entre PNV y EH-Bildu, así como Gure Esku Dago y Demokrazia Bai!, unidos para “avanzar y construir un horizonte colectivo de país que provoque ilusión, tras un tiempo de mera gestión del autonomismo”.
Decía que esas metáforas –la himalayísticas y las ferroviarias– expresan probablemente bien el sentir de LAB o la izquierda abertzale en relación con Lizarra y en general con el proceso soberanista. Pero no tienen por qué acertar en la manera en que otros agentes, como puede ser ELA, lo ha vivido. De hecho no lo hacen en absoluto. Y no lo hacen por una razón fundamental: porque para ELA la unidad de acción con LAB no ha sido nunca una cuestión instrumental o subalterna respecto a algo pretendidamente superior. Para ELA, la unidad de acción tiene –debería haber tenido– intereses y horizontes propios, no subordinados a las aspiraciones de las fuerzas políticas.
Esa unidad sindical se escenificó por primera vez en febrero de 1994, para reclamar el marco vasco de relaciones laborales, referencia clave de un sindicalismo de nación sin estado que aspira a un instrumental mínimo para la protección de la clase trabajadora. Y no es baladí que esa referencia venga siendo combatida sin piedad por uno de los protagonistas políticos principales del nuevo artefacto ferroviario: el Partido Nacionalista Vasco a través del gobierno de Gasteiz.
En los meses que siguieron a Lizarra hubo tres episodios bien jugosos y clarificadores para la mayoría sindical: el primero fue la aprobación de los presupuestos de Ibarretxe con el apoyo de la izquierda abertzale, que relativizó las políticas neoliberales en aras de la misma hipótesis ferroviaria-himalayista, siendo Rafa Diez, por cierto, parlamentario de Euskal Herritarrok; el segundo fue la huelga general de mayo, impulsada por ELA y LAB y multitud de sindicatos y movimientos sociales para arrancar al gobierno las 35 horas y el salario social, cuyo fruto más visible y permanente ha sido la actual RGI, también en el punto de mira hoy por jeltzales y socialistas; y el tercero fue la frustrante reunión de ELA y LAB en Mallabia, en la que ELA plantea una discusión a LAB para los tiempos venideros en torno a tres cuestiones clave: la caja de resistencia y la negociación colectiva; la voluntad de no trasladar la división sindical a Iparralde y la posibilidad de una referencia de pensamiento compartida. El resultado de ese debate ha sido bien explicado por German Kortabarria en su libro “Gauzak horrela (ere) izan ziren” (“No pudimos ser amables”, en su versión castellana). Puedo compartir con Rafa que la declaración de Lizarra fue un momento álgido de la unidad de acción sindical, pero creo también que, lamentablemente, fue el origen de su declive, en forma de una crisis que hoy día sigue sin superarse, precisamente por la incapacidad de avanzar en cuestiones estratégicas como las que se plantearon en Mallabia (sin perjuicio de otras que podían haberse planteado) unida a los códigos que deberían presidir la relación entre sindicatos y partidos de izquierda.
Lizarra, creo, fue un “acontecimiento”, y lo fue también en el sentido que Badiou lo entiende: no un puro evento más o menos importante, sino la emergencia de una verdad que rompe con el orden establecido y crea nuevos actores que tratarán de transformar la situación.  Por eso la ruptura de Lizarra decretada por ETA fue un enorme error: no por lo que Poltrónides (que diría Irigoien) no hizo, sino por lo que Potrónides impidió desarrollar a los suyos. Pero reeditar ahora aquello que acabó en tragedia, bien podría convertirse en una farsa. Porque el tiempo también ha clarificado el papel social y nacional de los presuntos alidados.  Hay que sacar conclusiones políticas de lo que ha sido la crisis económica y social del 2008-2015, las políticas de austeridad vascas pactadas con el gobierno español, la crisis catalana y la del estado, y sobre todo hay que escuchar lo que los jeltzales dicen con meridiana claridad. Y lo que hacen, claro, sobre todo lo que hacen, también al sindicalismo vasco.
Quizá debamos esperar otro acontecimiento. Quizá no. En cualquier caso, tenemos derecho a pensar, sin que nos insulten, que la apuesta ganadora en el soberanismo quizá no sea este nuevo orden que parece establecerse… ni este andén, ni estos trenes.

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Burujabe, zorujabe

Iruñeako Alternatiben Herrian egindako hitzartzea

Iparraldeko Bizi-ko lagunek Baionako lehenengo Alternatiben Herria antolatu zutenean 2013an, nekez imaginatu zitekeen dinamika honek ezagutuko lukeen arrakasta. 100 Alternatiba baino gehiago antolatu dira dagoeneko. Ez da gutxi esatea Euskal Herrian jaiotako iniziatiba baterako.

Horregatik pozez zoratzen gaude Iruñeako hau parte geran Karta Sozialak antolatu duelako. Ibilbide luzea egin dugu 2008an areagotu zen krisiaren garapenari erreparatzen badiogu

  • Enpresetan lanbaldintzen prekarizazioari aurre egiten eta kalean austeritate politiken aurka aritu behar izan gara, inposatutako erreforma eta murrizketen aurka. Horretarako, alderdi politikoetatik autonomoak diren mugimendu sozialekin artikulazio zabalago bat bilatu eta gauzatu genuen, besteak beste greba orokorrak eta mobilizazio asko bultzatu zituena. Mobilizazio itzelak egin izan dira urteotan

  • Duela urte batzuk, Karta sozialarekin beste pauso bat eman nahi izan genuen: erresistentziatik proposamenera pasatu nahi genuen, beste eredu sozial bat aldarrikatuz, proposatuz.

  • Eta duela urte t´erdi Bilbon eta gaur Iruñean ospatzen dugun Alternatiben Herria, beste pausu bat suposatzen du: erresistentzia behar da, proposamena eta interpelazioa ere beharrezkoada, baina orain beste pausu bat eman behar dugu: Alternatibak gauzatzen hasi behar dugu: erronka sozialak, energetikoak, klimatikoak exigitzen digu alternatiban eratzen hastea.

Eta horregatik gaur zabaldu nahi dugun mezua hauxe da, badaude alternatibak, xumeak agian, baina dagoeneko errealak direnak.

Hau da, ez gaude kondenatuta globalizazio neoliberalak inposatzen duen bizitza eredura. Gure bizitzaren eremu guztien komertzializazioa ez da gure patua.

Hobeto ulertzeko: ez gaude kondenatuta Iberdrolarekin kontratu bat edukitzera, edota erakunde finantziero handienekin tratatzera, edota soilik euroarekin trukatzera. Hau da gaur hemen irudikatu eta bultzatu nahi dena. Badaudela alternatibak Margaretek dioenaren aurka.

***

Globalizazio neoliberalak inposatu duen merkantilizazioa erabat lotuta dago eskala batekin. Estatu nazioen eta mundu mailako eskala inposatu du kapitalak, zergatik? Berak errez desarautu eta ber-arautu dezaken esparruak direlako. Eredu horrek pobreziara kondenatzen du gizateriaren parte handi bat, ez da jasangarria ikuspuntu askotatik, ez du bizitza humanoa permititzen…Egun hauetan berriz iritzi publikoaren eremuan izan dugun GURTEL kasuan demostratu da aspalditik diogun hau: korporazioek finantziatzen dituzte agintzen duten alderdiak, beraiek nahi diztuzten politikak egin ditzaten.

Honek eskatzen du gure ekimenen eta gure borroken eskala, eremuak eta moduak aldatu behar ditugula. Horregatik Globalizazio neoliberal injustu eta jasanezin honek zuzen zuzenean garamatza soberaniaren debatera. Soberania, erabakia aldarrikatzen dugu, guk ez dugulako erabakitzen.

Frente al poder de las corporaciones y de los estados, frente a las leyes trucadas para someter a la gente, frente a la política dopada por la financiación privada, frente a la plutocracia…

El derecho a decidir es la reivindicación lógica de los que queremos cambiar las cosas. Los que deciden de verdad para que todo siga igual, nos niegan ese derecho a decidir. Estados, instituciones y corporaciones que imponen un modelo de vida y desarrollo inhumano, precario, empobrecedor, insostenible.

Joseba Sarrionandiak “Moroak gara behelaino artean” zioen bezala, plaza publikoa errekuperatu behar dugu, lapurtu diguten espazioa alegia

Al capital, al establishment político y económico, no le gusta que la gente se crea dueña de su decisión, porque su estrategia es alejar los centros de decisión de la sociedad. No quieren ámbitos de decisión donde la sociedad, los movimientos sociales, los sindicatos combativos, la gente organizada, tenga capacidad de influencia política y social. El capital aleja las decisiones de la gente, y los gobiernos le hacen la ola.

Apropiarse de la decisión es lo que hacen los que construyen alternativas, evidentemente. Y apropiarse de la decisión es lo que hace toda la gente que lucha, como las mujeres de las residencias de Bizkaia y de Gipuzkoa, nuestras Kelys de Occidental Hotel, los trabajadores de DHL, Euskalduna, Museo de Bellas Artes. Gente que están enfrentando el modelo de relaciones que quiere imponer Confebask y CEN, pura sumisión y obediencia, gente que está enfrentando en lo cotidiano las reformas laborales que aprobaron los partidos dopados por la Gurtel, las infraestructuras inútiles, el fraude de los ERES o el caso De Miguel.

Urkullu lehendakariak oso ondo esplikatu du: etzaio gustatzen sindikalistak inkrepatzea; ezta mugimendu sozialak eta sindikalak aurrekontuen debatean duten eragina, ezkerraren posizioa baldintzatzeko; etzaio gustatzen Kataluniako prozesuan jendarte mobilizatuak klase politikoa baldintzatzeko eduki duen gaitasuna… Gauza bat aitortu behar zaio: ez duela izkutatzen sentitzen duen nazka. Lan alorrean ere, etzaie gustatzen ditugun lorpenak, eta horregatik, demokraziaren erregelak apurtuz, gutxiengo sindikalak sinatzen dutena lehenesten dute, edota Espainiako lan hitzarmenen aplikazioaren alde egiten dute.

Etzaie gustatzen jendea erabakian parte hartzea, bat ere ez.

Nafarroako Gobernuak berak –neurri handi batean mugimendu sozialak urte askotan egindako lanari esker esplikatzen dena– aurreko astean bertan, atzera bota du mugimendu sozialak aurkeztutako herri ekimen legegile bat, behar duen jendeak gutxieneko errenta bat eduki dezan. Larria izanik, okerrena ez da guk defenditzen duguna ez zaiola gustatzen: okerrena da eztabaidatzeko aukera bera ere ukatzen digutela, eta eskandalosoa da, gainera, beraien gobernu kideei ere informatzen ez diotela. Ados gaude, Rajoyrekin bezala, Barcinaren garaiarekin bukatu behar zen. Baina horrek ez du esan nahi aldaketa politikoa eginda dagoenik. Ezta gutxiago ere.

Kapitalismoarekiko Alternatibek tokikora eramaten gaitu, lokalizatu behar ditugu produkzioa, distribuzioa, erabakia, trukatze prozesuak, eta borrokak. Exigentzia fisiko bat da mundu jasangarri bat egiteko. Baina exigentzia hori ez da bakarrik fisikoa: Globalizazio neoliberaleko hamarkada hauek gainera beste gauza bat erakutsi digute, borroka esparruaen eta soberania esparruen arteko koherentzia bat behar dugula. Kapitalak erabakitzeko eremuak eraman nahi ditu jendeak kontrolatu ezin dituen esparruetara, bere araudia inposatzeko. Borrokak bertaratu behar ditugu, bertan, tokian, hemen ditugulako irabazteko aukerak.

Ez da kasualitatea, hamarkada guzti hauetan, kapitalaren estrategia izan dela mugimendu sindikala lan zentroetatik urruntzea, eta sindikatuen aldentze eta urruntze hori ondo saritzea.

Es lo que nos sucede en la negociación colectiva. Allí donde hay posibilidades de organización, de lucha por alcanzar mejores condiciones laborales, patronales y sindicatos afines se ponen de acuerdo en algo muy básico pero muy peligroso qu es alejar las negociaciones de la influencia de la gente. Es lo que nos sucede con la estatalización de los convenios. Se aleja la pretendida negociación a un ámbito donde no hay lucha organizada ni organizable, donde a lo más te encuentras el sindicalismo de acompañamiento para empobrecer al a gente.

Horregatik, burujabe izango gera beti ere zoru jabe baldin bagara

***

Bukatu nahi det arratsaldean euskararen erabileraren aurka egingo den manifari buruz.

Manifa hori egingo da, beste arrazoi batzuen artean euskara ez delako kapitalaren neurrikoa. Euskararena merkatu txikia da, eta ez da kapitalaren interesekoa. Europako hizkuntza zaharrena, kapitalaren neurrikoa izango balitz, Europa osotik peregrinazioan etorriko lirateke indigenok ikustera.

Baina euskarak kapitalaren neurrikoa ez izatea baditu edo eduki ditzake abantaila batzuk. Kapitalak neoliberalismoak kolonizatu gabeko hizkuntza bada, guk, hiztunok eta euskararen sortzaileak (prekarioak nonahi) nahi eta behar ditugun balore eta aspirazioak bideratzeko tresna bihur dezakegu. Agian beharrezkoa izango da hizkuntza globalizatu bat hitzegitea, baina aukera handiak ditugu euskaraz komunitatea sortzeko

Nago euskarak ez duela etorkizunik alternatibetatik kanpo.

Eta nago, alternatibek ere ez direla benetan alternatiboak izango, euskara inkorporatzen ez badute

Hizkuntza bat dugu eskura, Alternatibekin okupatzeko. Kapitalak homologatutako hizkuntza batekin baino aukera gehiego dugu agian euskaraz elkartasun sareak, borrokak, bizitza irabazteko.

Mila esker eta…

Alternatiba on guztiei!

El futuro que temen se hará realidad

Tras la declaración de disolución de ETA, de todas las reacciones, la que más me llamaron la atención fueron las de algunas asociaciones de víctimas. Y me llamaron la atención por la discordancia entre la palabra, lo que decían, y la imagen, es decir, el tono y la pose y el mensaje asociado a estos. Con las palabras se subrayaba la derrota de ETA. Pero la imagen, los gestos, las expresiones… revelaban un enorme enfado y resentimiento, y no sólo con ETA, y eso en un momento que, en buena lid, era largamente ansiado.

Con las víctimas se han cometido enormes injusticias. Y entre ellas quiero subrayar las que tienen que ver con las expectativas. Durante años, desde determinadas instancias políticas e institucionales, se les ha transmitido, por un lado, que los militantes de ETA se van a pudrir en la cárcel, y por otro, que el independentismo jamás podrá realizar su proyecto político. Haber alimentado esas dos expectativas constituye una enorme irresponsabilidad, ya que contradice principios democráticos y humanitarios fundamentales, como es el principio de reintegración asociada a la política penitenciaria y el de libertad de participación política.

Junto a las expectativas, ha sido un error también la manera en que a las víctimas se les ha expuesto públicamente. Se las ha convertido en símbolo público –de qué y– de una victoria, la del estado de derecho. Esta exposición ilegítima es ajena a la razón y, lo que es peor, incapacita a menudo a la víctima para la reconstrucción de su propia identidad, de su propia humanidad. Se sacrifica lo íntimo en aras de un objetivo político menor, como es el de deslegitimar el proyecto político del adversario. Una cruda instrumentalización.

El pasado 10 de mayo, Mayor Oreja publicó un artículo en Abc. En síntesis decía lo siguiente: “En Cambó asistimos a un punto y seguido de un largo proceso (mal llamado “proceso de paz”), la transformación de ETA en un proyecto político. Ese proceso es letal para España. Y ETA no sólo no ha desaparecido, sino que se ha extendido (Cataluña, Navarra, Baleares, Valencia…) y está más presente que nunca en la sociedad”. Para Mayor, “el punto más débil de España era y es la nación”. Por eso el mayor riesgo es aproximarnos a un “estado confederal, asentado en la autodeterminación”. Ahora muchos van a defender que “hay que hacer legal lo ilegal” (leyes de referéndum, segunda transición…). Vamos a asistir a una situación de enorme gravedad: exigencia del derecho a decidir y cambio de política penitenciaria. Porque no hay “proceso de paz” sin “precio político”.

Jaime Mayor cree anunciar la política del futuro: 1) tratarán de ahogar por cualquier medio las demandas nacionales (catalana, vasca…); 2) tratarán de impedir que se aprovechen de la debilidad nacional de ese estado fuerte que es España, para que no se revisen puntales de la primera transición (monarquía, autodeterminación, juicio de crímenes de estado…) y 3) tratarán de mantener la actual política penitenciaria inhumana. Lo nefasto de la proyección de Mayor es que siete años después del fin de la lucha armada sigue insistiendo en el imaginario insostenible que se proyectó irresponsablemente sobre las víctimas, a sabiendas de que el futuro será de otra manera. Sigue alimentando la represalia como lógica penitenciaria, la represión como estrategia nacional y el enfrentamiento frente a la convivencia. Pero el futuro no será ese: las personas presas serán reintegradas, los pueblos decidirán libremente su futuro… y las víctimas reconstruirán su dignidad y su identidad más íntima. Quienes vivieron enfrentados no serán amigotes amnésicos, pero podrán vivir reconciliados. El futuro que temen acabará haciéndose realidad.

 

No es por responsabilidad

El PNV ha decidido apoyar los presupuestos generales del estado. Dice que lo hace por responsabilidad. Pero lo ha hecho porque hace tiempo que no le importa nada de lo que realmente sucede.

No importa la corrupción acreditada por partido del gobierno y centenares de sus cuadros. No importa que el PP sea ya una presunta organización criminal (Valencia, Madrid…). No importa que haya “políticos presos”, estos sí, como Zaplana.

No importa lo que está sucediendo con nuestro autogobierno. No importan las decenas de competencias sin transferirse. No importa que el estado recurra las leyes que aprueba el parlamento de Gasteiz (EPSVs, seguridad pública, vivienda, fracking, drogodependencias, reparación de víctimas…). No importa que se recurran las acciones de gobierno (régimen de prestaciones sanitarias, OPEs de la Ertzaintza, la jornada laboral de los funcionarios, el régimen de contratación en el sector público…). No importa que la legislación estatal básica y el Tribunal Constitucional estén al servicio de la centralización. No importan las miles las decisiones de Ayuntamientos vascos que están siendo recurridas (que afectan al euskera, a las consultas locales, a las ayudas a presos…). No importan que se esté empobreciendo a los y las trabajadores vascas centralizando la negociación colectiva contra las mayorías sindicales vascas.

No importa la suerte de los presos y presas políticas vascas. No importa que se les impongan condiciones ilegales para que no puedan ejercer sus derechos. No importa que casi todos ellos estén en primer grado. No importa que estén alejados de Euskal Herria contra el criterio sostenido repetidamente por el Tribunal europeo de derechos humanos. No importa que no se excarcele a los presos enfermos. No importan que ahora vayan a por los salarios y el patrimonio de los expresos.

No importa la represión en Cataluña. No importa que haya presos políticos, estos sí, “presos políticos”. No importa el estado de excepción. No importan los procesos judiciales contra electos y sociedad civil. No importa el exilio. No importan los varapalos de tribunales europeos a la justicia española. No importa la inconstitucionalidad del 155. No importa la criminalización de la acción política. No importa la suerte de derechos fundamentales. No importan los resultados del 21-D. No importan que los parlamentarios catalanes no puedan nombrar president a quien quieren. No importa que el actual president no pueda conformar gobierno.

No importa que en España no haya separación de poderes. No importa que no se pueda revisar ni la más mínima coma del acta de inmortalidad del franquismo que llaman transición. No importa la suerte de las libertades fundamentales. No importan los cadáveres que siguen sin aparecer. No importan los crímenes que no se pueden juzgar. No importa la politización de la justicia, ni lo justiciero del ejecutivo.

No importa la suerte de nuestra lengua. No importa que los plurilingües sean siempre sospechosos de etnicistas, y los monolingües modelo de respeto mutuo y universalidad. No importa que el próximo día 2 de junio los etnocidas vayan a manifestarse ¡por discriminación! No importa formar gobierno con los que denuncian privilegios de los euskaldunes.

No importa que hayan utilizado a las víctimas contra ellas mismas, contra su dignidad e intimidad. No importa que se hayan negado a gestionar responsablemente el desarme de ETA. No importa que no tengan ni la menor intención de construir la paz en nuestro pueblo. No importa que se meen de risa cuando Barkos y Urkullu –ajenos al sentir de muchos y muchas expresado en Kanbo– le proponen a Rajoy en Bertiz algo así como una gestión compartida del tiempo post-ETA. No importa que UPN haya condicionado su apoyo a los PGE a que la política penitenciaria se decida en el Pacto Antiterrorista.

No importa, puestos a no importar, ni que el Gobierno de España no haya respetado el pacto presupuestario del año pasado…

No importan, es más, aplauden con las orejas e incluso apoyan, las reformas de pensiones, de negociación colectiva, las reformas laborales… Todas las reformas que están empobreciendo a la clase trabajadora y a los pensionistas. Y menos importan aún, todo lo contrario, pactan con el PP las bajadas de impuestos al capital y la regla de gasto por la cual no podemos destinar a necesidades sociales los incrementos de la recaudación. Toma autonomía fiscal vasca.

No importa nada, absolutamente nada.

Pero eso apoyan los PGE por responsabilidad.

Curiosa palabra, responsabilidad, y curiosa la distancia entre lo que de ella dice el diccionario y la manera en que la usan. Tremendo vocablo que apela a una imagen bien arraigada en nuestro cerebro, la imagen por la cual una madre o un padre pide a sus hijos e hijas que sacrifiquen un placer presente porque eso les traerá beneficios en el futuro. Dicen “responsabilidad” y se convierten en los padres-madres buenos a quien debemos respeto porque nos piden un pequeño sacrificio (un taparnos la nariz) por los beneficios futuros que eso nos traerá.

Hablan de “responsabilidad” para culplabilizar. Que si a los catalanes les va mal es porque no han hecho suficiente penitencia por sus fechorías. Que si a los presos les va mal es porque no se han arrepentido. Que si a los currelas les va mal es porque han vivido por encima de sus posibilidades.

Hablan de responsabilidad pero de lo que se trata es de homologar a los victimarios. Y hablan de responsabilidad porque consiguen, en las revueltas aguas de las política española, los millones de euros que les suplica el cártel del ladrillo. Pillan cacho y al pillaje le llaman construcción nacional. Sacan cuatro duros y dicen, como Ortuzar, que nunca han influido tanto en la política española. Por responsabilidad.

¿Y los que no estamos de acuerdo? ¿Y los que creemos que es hora de mandar a Rajoy a casa? ¿Y los que creemos que es hora de tener un gesto solidario con Cataluña? ¿Y los que creemos que ya es hora de que los gobernantes vascos amparen a los presos y este amparo condicione la política real? Está claro: nosotros somos unos irresponsables.

Nada, no les importa nada. Comparten intereses nefandos con el Partido Popular. Esa sí es su responsabilidad.

 

La resistencia

Allá por los 80, cuando cursaba estudios de teología, en los manuales y en las clases de ética social aún se discutía si la relación salarial era una relación “pecaminosa” en sí misma. Esa consideración, que hoy hasta produce risa, no dejaba de tener su enjundia. Porque lo que estaba claro, lo que era asumido por teólogos y moralistas de todas las tendencias, incluídos los más conservadores, era que la relación salarial –el contrato trabajo– era una cuestión problemática, que se asemejaba a una forma de prostitución, por la cual, un ser humano se deja explotar por razón de su necesidad y la de su familia. En aquellos años, el del Trabajo era un capítulo distinto y amplio de los manuales de moral, y papas como Juan Pablo II –poco sospechoso de simpatizar con las tesis comunistas– escribían cosas que hoy sonarían revolucionarias, como la obligación de los estados de garantizar una renta a las personas paradas, o que el salario deba garantizar el mantenimiento de toda la familia en dignidad.
Me viene esto a la memoria al leer hoy en la prensa sobre el acto que protagonizaron ayer el lehendakari Urkullu y la patronal vasca. Los empresarios vascos, al parecer, van a necesitar muchos profesionales en los próximos años y están preocupados. Lo están, especialmente, por la falta de actitud de los jóvenes trabajadores. “Cuando estamos hablando de actitud, dice el presidente Roberto Larrañaga, estamos hablando de ser una persona polivalente, que se pueda adaptar a los cambios que sean necesarios en los procesos productivos, que sea proactiva, que sugiera, del alguna forma, compromiso con la empresa”. Al parecer, es esa actitud en lo primero que se fija el 72% de los empresarios vascos a la hora de contratar, por encima incluso de la formación, los idiomas o la experiencia laboral.
Lo confieso: esta queja de los empresarios me ha producido un sano e íntimo goce. Por razones de dedicación y también de pasión, visito siempre que puedo cuantas librerías se me ponen a tiro. Y me gusta observar qué secciones de ellas van a más y cuáles a menos. Y la tendencia general de los últimos años es muy clara: crecen dos secciones, la de libros de autoayuda y la de literatura empresarial. Las obras de autoayuda, en su gran mayoría, le recuerdan al lector que sus problemas comienzan y terminan en sí mismo, y en la actitud con la que decida afrontar la vida. Lo que le sucede no acontece, al parecer, en un marco social, laboral, político y nacional. Y si ese marco existe, es demasiado amplio y complejo como para dedicarse a cambiarlo. “Toma las riendas de tu vida, sonríe y no tengas dudas: el amor, el dinero y la salud dependen de la actitud que tú le eches a la vida”. “Pensamiento positivo. Eso es todo. Puedes y debes cambiarte a tí mismo”.
¿Y la literatura empresarial? Los gurús del management ofrecen sin parar toda una gama de recetarios para ejecutivos y cuadros intermedios sobre liderazgo, coaching, cuadro de mando, calidad, gestión del tiempo, creatividad o programación neurolingüística. Y unido a todo ello destaca un género peculiar, entre lo novelesco y la fábula, un tipo de lectura más o menos ligera con moraleja directiva. Nombres como Drucker, Senge, De Bono, Allen, Sharma o nuestro heroe local Saratxaga, forman ya parte del paisaje literario para las empresas. Los directivos confiesan que raramente llegan a terminar la lectura de esos libros que infectan kioscos y aeropuertos, pero su consumo revela una verdad ineludible: 40 años de ofensiva neoliberal no han conseguido alinear y comprometer al enjambre de trabajadores con los objetivos de la empresa. Los empresarios sienten que han hecho los deberes, que han revisado su viejo imaginario basado en la jerarquía y el control y se han “convertido” de corazón (¡hasta utilizan el griego bíblico, “metanoia”!). Dicen abrazar el paradigma de la sociedad red, de la participación, la transparencia, la comunicación, los círculos de calidad, la fluidez… Todo un ejercicio para lograr el compromiso, la adhesión incondicional, el alineamiento del trabajador y el cuadro intermedio con la visión, la misión y los objetivos de la empresa.
Decía que la declaración de Larrañaga me ha procurado un íntimo goce. Y es así porque esa falta de actitud que lamenta, a buen seguro, no es sino el reverso de la falta de credibilidad que, para una nueva generación, tiene la neolengua empresarial. No cabe duda de que el empresariado vasco está sabiendo construir marcos de comunicación eficiente que hace las delicias de una clase política entregada a eso que llaman “nuevo modelo de empresa”. Pero lo que los jóvenes perciben es un espacio de relaciones desregulado, inseguro y precario, una ruptura en definitiva de un pacto social que sólo han conocido en los libros, así como la destrucción de cualquier instancia colectiva de representación y protección. Les llaman colaboradores pero se saben subordinados y dependientes, como siempre lo ha sido la multitud asalariada. Y en ellos está teniendo lugar, de una forma profunda aunque no categorizada, una efectiva resistencia, la que provoca la queja de Confebask. Como en el siglo XIX, en el XXI se experimentan alienados vendiendo su cuerpo y sus mejores horas a proyectos que no acaban de identificar como propios y no les satisfacen psíquica, moral, económica ni socialmente; y van configurando a tientas una mirada crítica contra las tecnologías y los discursos de la manipulación y sometimiento basados en la reprogramación temporal, psicológica y neurolingüística.
Bien entrado el siglo XXI, el trabajo ha desaparecido como un capítulo singular en los manuales de moral social y de Doctrina social de la iglesia, y en la mayoría de ellos si permanece, lo hace a lo sumo como un mero apartado del capítulo –ese sí importante– de Empresa. Es que la Doctrina social (DSI) reivindica su estatuto pero no es ajena, ni mucho menos, al embate neoliberal, el signo de los tiempos. Con todo, lo que revela el acto de ayer de Confebask es el cisma silencioso pero efectivo que sigue aconteciendo entre trabajo y humanidad: la empresa lucha por debilitar las referencias colectivas, pero el hombre y la mujer trabajadora resisten, reclaman los derechos sobre su propio cuerpo, se rebelan contra el ser encerrados y el ser extensiones de la máquina, dan rienda suelta a su imaginación y delinquen cotidianamente contra el mandato de la concentración productiva, cuestionan la autoridad que se impone y osan pensar por sí mismos. No es una mala noticia para estas vísperas del primero de mayo. Gora munduko langileria! Gora maiatzaren lehena!

Más Lenin y menos Homero

Comencé a leer con interés el artículo de Edu Apodaka (“Ezkerreko haurkeria gure artean“, publicado en Gara el pasado jueves – https://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/2018-03-23/hemeroteca_articles/ezkerreko-haurkeria-gure-artean). También por una cierta obligación, lo confieso, entre otras cosas, porque el artículo citaba a mi sindicato hacia el final.
Admito que me ha costado leerlo. Nunca fui un brillante alumno de filosofía y teología, a pesar de haberle dedicado seis años de mi vida. Pero me acerqué a Lenin, y también a Homero, en aquellos tiempos, y decidí que merecía dedicar unos minutos a reflexionar sobre el infantilismo (que hace referencia a la magnífica obra de Lenin “La enfermedad infantil del izquierdismo”) y los “cantos de sirena” que Apodaka denunciaba.
Al final de la lectura me vino a la memoria una reflexión que nuestro profesor de Metodología Teológica solía repetir, no sin cierta sorna. Existen tres maneras, decía, de acercarse a los clásicos. La primera es profundizar en el contexto vital (político, social, intelectual…) del autor, el llamado Sitz im Lebem, y tratar de escrutar lo que quiso decir en aquel contexto para después, en un siguiente paso, tratar de proyectar qué es lo que aquel genio diría hoy si estuviera entre nosotros, la llamada hermenéutica, creo recordar. Esta es, se entendía, la manera correcta de acercarse al clásico: respetándolo en su contexto y exprimiendo su genio para el presente y el futuro, que es precisamente lo que le convierte en un clásico. Una segunda manera de utilizar a los clásicos es establecer una tesis, la que se me ocurra, y a partir de ahí buscar en los clásicos y en las fuentes aquellas citas que abonan la tesis, con nulo respeto al clásico y a la realidad. Y una tercera manera, aún peor, es citar a los clásicos simplemente para subrayar mi autoridad intelectual y conocimiento frente a la mayoría ignorante.
Me acerqué, como decía, con interés, al artículo también porque de mis precarias lecturas de Lenin recordaba lo fino que fue capaz de hilar sobre la relación entre el partido revolucionario y el movimiento sindical y las masas (proletarias y no proletarias). Y me maravilló la manera con que Lenin abordó temas que siguen siendo bien actuales, como la relación entre partidos y sindicatos, o de cómo el partido tiene que aprender de la experiencia acumulada en la lucha sindical. Creí que el artículo de Apodaka trataría algo de esto. Pero la conclusión me resultó decepcionante: para el sindicato, el autor no propone a Lenin sino a Homero, de tal manera el partido no debe escuchar “los cantos de sirena” que el sindicato, en este caso ELA, le hace.
El de Apodaka es uno más de una serie de artículos que abundan últimamente en la prensa nacional y que están construyendo un género literario sui generis. Me refiero a un tipo de artículos de opinión firmados por académicos que comienzan, como es el caso, con una disertación sobre autores de mayor o menor autoridad o por los propios clásicos, para finalmente verter alguna conclusión de tipo político-práctico que las organizaciones sociales o partidos deberíamos incorporar.
Como sindicalista no tengo mucho que reprochar a la academia. Y desde luego no estoy a su altura, ni mucho menos. Pero debo confesar mi desconcierto. Mi experiencia cotidiana tiene que ver con la formación y la movilización de la militancia del sindicato, con la confluencia con movimientos sociales, con los miles de expedientes jurídicos que peleamos cada mes, con las huelgas y los conflictos que gente auténtica está protagonizando… Hablo de un sindicato, el mío, que es el único sindicato histórico -y mayoritario en su ámbito- de toda Europa que ha tomado una decisión política singular, como la de retirarse de la estrategia sindical mayoritaria de la concertación social (y ello con costes, económicos y políticos, enormes). Un sindicato que tiene otra particularidad, que es la de ser de una nación sin estado (como otros bien pocos en el mundo). Y un sindicato que ha incorporado, a diferencia del sindicalismo mayoritario del entorno, y lógicamente con no pocas contradicciones, una auténtica agenda altermundialista, climática, ambiental y de promoción y apoyo a proyectos de economía social y solidaria. Precariamente, limitadamente, contradictoriamente…sí, pero efectivamente.
El autor podría investigar si esa peculiaridad es una cuestión a tener en cuenta, o simplemente es una expresión sindical demasiado “puntual” como para ser digna de ser tenida en cuenta. Podría por lo menos comenzar haciéndose alguna pregunta. Pero no. El autor se ventila en una línea la experiencia histórica acumulada por una organización, y lo hace ¿citando a quién?… pues no a Lenin, sino a Homero: el partido no debe escuchar los cantos de sirena del sindicato. Le propone la misma prevención que la diosa Circe le sugirio a Odiseo para cuando se encontrase con las sirenas: “en las orejas de tus compañeros pon tapones de cera melosa para que ninguno de ellas las oiga”.
Podía haber seguido con Lenin y la obra citada. En ella aprendí, y sobre todo en la práctica, que la suerte de la clase obrera no tiene futuro en ningún país si no es por medio de los sindicatos y por su acción conjunta con los partidos de izquierda. Yo creí además que lo del infantilismo, en esa obra de Lenin, se refería precisamente al error que supone separar la vanguardia política de las masas. Aunque hablo de memoria y puede que recuerde mal. Pero vamos, que no entiendo nada…
Eso sí, qué fácil es citar a los clásicos. Hasta yo puedo hacerlo.

Más y más gente

En el momento de cerrar esta edición de Landeia se ha suspendido la sesión de investidura que iba a celebrarse en el Parlamento catalán y se están haciendo públicos mensajes privados del president Puigdemont al exconseller Comin, en el que al parecer se considera amortizado. Sea lo que sea, parece evidente que los acontecimientos que se han sucedido a partir del 1 de octubre, y sobre todo la tremenda actitud del estado (represión policial, artículo 155, guerra judicial…) están a punto de romper las costuras de las fuerzas independentistas si no lo han hecho ya. En el tiempo se verá si es una cuestión coyuntural y superable o se va agrandando la fractura. Es inútil, a día de hoy, tratar de dibujar escenarios de futuro.

Como sindicalistas vascos quizá este es un buen momento para pasar a limpio algunas cosas. Porque lo que está pasando en Cataluña nos aporta enseñanzas fundamentales para los que abogamos por la plena soberanía vasca. Me atrevo a apuntar cuatro.

La primera es que el Estado es duro, muy duro. Que no hay posibilidad alguna de establecer entre Cataluña (o Euskal Herria) y España un diálogo bilateral, de igual de igual, y de buena fe. España es fuerte e impone la unidad sin escuchar a una nación que ha movilizado millones de personas a favor de otro estatus político. Tampoco un parlamento autonómico es suficiente para moverlo: no lo fue con el estatut (90% de apoyo)  y no lo ha sido ahora. Ha aplicado el 155 y le ha ido, piensa, bien. Y el éxito de Ciudadanos apunta lo que viene: involución, más centralismo. De esa dureza tenemos que concluir que para alcanzar el derecho a decidir, catalán o vasco, se va a requerir una suma de fuerzas monumental. Hay que resignificar, además, la unilateralidad, porque el muro es más grueso de lo imaginado. Y la bilateralidad no existe. Dicho de otra manera: sólo hay unilateralidad, la del estado.

La segunda enseñanza es que el principal capital político de Cataluña es su gente, más que sus representantes, sus fuerzas políticas o sus instituciones. Hablamos de 2 millones de personas empoderadas que protagonizaron un capítulo heroico en defensa del derecho a voto, que alcanzaron una increíble victoria política, social, mediática, cibernética, discursiva…  Lo que está pasando no nos debe hacer olvidarlo. Por eso, lo urgente, lo más decisivo, también en esta hora, es dar sentido y horizonte al momento presente. Prepararse para una lucha que va a ser larga, y marcar líneas de trabajo que se entiendan, que motiven, que ilusionen.

La tercera enseñanza tiene que ver también con la gente, y es que hace falta más gente. Y creo que el proceso pro-independencia ha tocado su techo si no es capaz de incorporar un proyecto de país ilusionante y alternativo a las políticas de ajuste y de empobrecimiento que en Cataluña se han aplicado igual que en todo Europa. Decía Ken Loach hace unos días que no acababa de ver la conexión entre los intereses de la clase trabajadora catalana y el proceso independentista. Algo similar señalaba un documento de una de las corrientes de la CUP (Endavant) al valorar las elecciones del 21 de diciembre. Hablamos de la suerte de las clases populares: trabajadores precarios, mujeres, pensionistas…

Y la cuarta es que para alcanzar la soberanía, hacen falta soberanías. La manera en que el gran capital y empresas emblemáticas se han deslocalizado o han amenazado con hacerlo, reforzando la estrategia del estado, debería contribuir abonar un propósito definido: por razones ecológicas, climáticas y sociales, y también por aspiraciones nacionales, urge construir instrumentos (financieros, cooperativos, empresariales, energéticos…) comprometidos con la tierra y con la justicia social. Dicen que 500.000 personas se han dado de baja de La Caixa. No sé si es cierto. Lo que sí es cierto es que hoy no hay una entidad bancaria alternativa y comprometida con el terruño que pueda gestionar la adhesión de 500.000 clientes en dos meses. Hay que crear los instrumentos que el capitalismo, durante décadas, nos ha robado.

Ninguna nación situada dentro de algún estado de la OTAN se ha “desmembrado” jamás en la historia de la alianza militar. Pero alguna lo conseguirá un día. Cataluña no ha fracasado. Todo lo contrario: es probablemente la que más cerca está de conseguirlo.