Felicidades! Fem Vía!

 

11 de septiembre de 2013. Fiesta nacional de Cataluña. 400 kilómetros de cadena humana: Vía Catalana hacia la Independencia. Paseo de Gracia de Barcelona. Un revuelo de personas y medios se produce de repente a escasos metros de donde se sitúa la delegación de ELA. Se nos acerca un joven y nos dice: “Es Pasqual Maragall. Está malito ya”. No disimula su emoción. “Será un simpatizante socialista”, pienso. El joven nos reconoce y saluda amablemente y continua con un acento local indisimulable: “Mi apellido es Goikoetxea. Mis mayores eran navarros”. Sin que medie pregunta nos explica: “Yo no era independentista. Hace solo dos o tres años, cuando lo del estatut, yo creía que era posible el encuentro, el arreglo con España. Esa había sido siempre mi posición política y creía en ella. Pero ahora está claro que eso es imposible”. Mientras sus dos hijos corretean a su alrededor y gritan en catalán, el joven sigue hablando. Pienso que el suyo es el sentir de muchos cientos de miles de las personas que allí están congregadas. Como Maragall, hace sólo 10 años, eran personas ajenas a las posiciones independentistas entonces muy minoritarias. En este día singular, sin embargo, están masivamente en las carreteras y calles de Cataluña.

Para quien se acerca desde Euskal Herria, lo que se escenifica en esta riada humana no deja de resultarnos extraño, al tiempo que digno de la más sana envidia. Sin estertores, pero con una firmeza inquebrantable, se revela con claridad que asistimos a la puesta de largo ante el mundo de un pueblo determinado a recorrer su propia Vía.

Hay agravios y muchos, sí: la perversa gestión del estatut por parte del estado, el recorte parlamentario y el recurso al constitucional; la negativa a arreglar la financiación; el impedimento de que el catalán sea lengua oficial en condiciones de igualdad; los insultos permanentes en la caverna mediática… Todo eso está ahí y es políticamente relevante. Pero no todo son agravios. Escuchas a los organizadores del evento, y en absoluto hablan como víctimas. Su vía no es contra nadie. Ellos ya tienen su vía, ser una nación más en el concierto europeo de las naciones, y empujan y abren, junto a miles, el camino que sus instituciones y la clase política tiene que recorrer.

Finaliza el acto, y felicito a Victor Cucurull, de la Assemblea, por el éxito de la Vía Catalana. “No pienses que esto se improvisa. Nosotros y nosotras comenzamos en 2005. Explicando charla a charla, mercado a mercado, que la independencia es el camino. Resultaba muy extraño. Luego manifestaciones, las consultas en los pueblos y en Barcelona. La Diada del año pasado y la de este… Creyeron con lo del estatut se habían quitado el problema para muchos años. Fue lo contrario…”

Quemamos los smartphones en el autobús ya por la provincia de Lleida. La caverna mediática, con una objetividad que sorprende, reconoce que los 400 kilómetros se han hecho y dan por buenas las cifras que se pensaban. El gobierno da las cifras oficiales: 1.600.000 personas se han echado a las calles. 500.000 sólo en Barcelona. Es la Vía Catalana.

“No se puede parar. Hay que hacer más camino en menos de 18 meses”, dice Victor. Carme Farcadell, presidenta de la Assamblea Nacional, interpreta el acto: no hay razón para que la consulta no sea en 2014, no hay por qué demorar la independencia.

3 de la mañana. Aritzeta. Donostia. 12 de septiembre. Imposible sustraerse a la sensación de haber participado en un hito histórico en la historia de Cataluña. ¡Felicidades! ¡Fem Vía!

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