Baiona, Alternatiba: guía y esperanza también para el sindicalismo

El sindicalismo nació sobre una fractura, la fractura física y moral que se producía entre el proyecto capitalista y el proyecto humanidad en el mundo del trabajo en el incipiente capitalismo industrial. Esa fractura perdura aún, pero nuestra conciencia ha cambiado. Doscientos años más tarde, nuestra conciencia sobre la fractura entre esos dos proyectos es mucho más amplia, y abarca cuestiones tan variadas como el propio trabajo –todavía–, sí, pero también las finanzas, las energías, las materias primas, el transporte, los alimentos… La mercantilización extensiva de todas las cosas, y todas las dimensiones de la vida, hacen incompatible en el presente ambos proyectos.

El cambio climático, la amenaza que se cierne sobre nuestra tierra como consecuencia del accionar humano desde la lógica del capital, constituye la síntesis de absolutamente todas esas fracturas, y precisamente el locus, el lugar, a mi entender, más potente de nuestro tiempo, tanto para interpretar la naturaleza de nuestro modo de vida insostenible, como para condensar y constituirse en la referencia más potente para la convergencia de todas las luchas por otro mundo necesario, deseable y posible.

En el fin de siglo y los primeros 2000 asistimos a una toma de conciencia global sobre la necesidad de convergencia de todas esas luchas de oposición al capital. Los datos de que disponemos a 2013, sin embargo, nos llevan necesariamente más allá: el cambio climático ya no puede ser por más tiempo un tema más a incluir en la agenda altermundialista. El cambio climático es el tema, debe serlo. Y lo es en una doble vertiente. En negativo, porque lo que está en juego es el presente y el futuro próximo de la humanidad en el planeta. Pero, y quiero subrayar esta dimensión, lo es también en positivo: el cambio climático es el centro, la síntesis, la máxima expresión de todo aquello por lo que luchamos, y la referencia capaz de ordenar y dar sentido en el siglo XXI a una lucha verdaderamente civilizadora.

Euskal Herria, Baiona, como dice Amaia Muñoa, va a ser la capital mundial de las alternativas el próximo 6 de octubre. Las principales referencias de lucha contra el cambio climático en las últimas décadas han tenido como estrategia principal tratar de forzar a los gobiernos e instituciones internacionales para que tomen cartas en el asunto. La llamada de Baiona sin embargo, sin despreciar esa estrategia, tiene una orientación radicalmente distinta: el cambio climático nos compete a todos y todas; el cambio puede empezar, debe empezar por abajo; y sobre todo, esta lucha es posible y son multitud los que la están llevando a cabo. Baiona va a ser un escaparate mundial de todas las alternativas de vida, producción, consumo, transporte, intercambio… Desde la perspectiva de un sindicato como ELA, la lucha contra el cambio climático otorga hondura, perspectiva, sentido, horizonte a todas las luchas que estamos desarrollando que tienen que ver con el fortalecimiento de lo público, la defensa de la democracia y la participación, la acción colectiva, la solidaridad o la protección social. La lucha contra el cambio climático también nos interpela, sobre qué trabajos y qué empleos merecen la pena; sobre el reparto de las cargas, de los trabajos; sobre el reparto del tiempo de trabajo y la distribución justa de la riqueza… El cambio climático es, a día de hoy, nuestro más hondo relato, el discurso más potente de la izquierda y de los pueblos,  y por ello aquel en el que todas las luchas alternativas pueden articularse.

El próximo día 6, por tanto, como vascos y vascas y como sindicalistas, vamos a gozar de un enorme privilegio. El privilegio de asistir en vivo y en directo, en nuestra propia casa, a la puesta en escena de las alternativas por otro mundo necesario, posible, deseable. Y todo ello es mérito de una organización, Bizi!,  tan joven y atractiva como poderosa y esperanzadora. Como miembro de la Fundación Manu-Robles Arangiz –con quien Bizi colabora para la formación de sus cuadros– y como parte de la dirección de ELA, voy a asistir con un enorme orgullo e interés a este evento. Pero lo confieso, asistiré también un poco acomplejado; acomplejado por la vitalidad, la diligencia y la capacidad de convocatoria de un movimiento relativamente, sólo relativamente, pequeño. Por eso no puedo sino felicitar a todos los militantes de Bizi! y a los cientos de voluntarios, ponentes, artistas… que van a hacer posible esta jornada. Estoy seguro de que esta iniciativa va a gozar de un inmediato efecto rebote en el conjunto del estado francés, y esperemos que también en Hegoalde y el resto del mundo. De eso se trata. Y desde Hegoalde, para ELA, Baiona va a ser, también, esperanza y guía para el sindicalismo necesario, posible y deseable.

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