Encargarse de la realidad

Intervención de clausura del Seminario “Ataques a la representacion colectiva e innovacion sindical” celebrado en Donostia, los días 23-23 de junio de 2014

Creo que en el conjunto de las intervenciones que hemos escuchado aparece algo muy esperanzador: en ellas se explicitan una serie de mecanismos que apuntan a un dinamismo sindical virtuoso, y ello a pesar de las diferencia de las luchas que se citan. Esos mecanismos, nos vienen a decir que, a pesar de todas nuestras miserias y nuestra penosa correlación de fuerzas, estamos o gozamos de un dinamismo organizativo notable, del que nos tenemos que felicitar.
Este tipo de jornadas nos debe permitir tomar conciencia de que tener una mala correlación de fuerzas no significa que estemos haciendo las cosas mal necesariamente. Porque hay muchas cosas que no dependen de nosotros. Y en lo que sí depende de nosotros, han aparecido muchas cosas que creo quue realmente merecen la pena.
Puestos a clasificar esos mecanismos que citaba, los podríamos situar en tres grupos. En primer lugar los que tienen que ver con las oportunidades sindicales. En segundo lugar, lo que tiene relación con las pautas y criterios de organización. Y, finalmente, lo que tiene que ver con el sentido, con la ideología, lo que se llama el enmarcamiento de la lucha sindical. Me sirvo para exponer todo esto de lo que los estudiosos de los movimientos sociales llaman “agenda clásica”.1

Las oportunidades
Quiero identificar o subrayar tres o cuatro mecanismos que tienen que ver con las oportunidades que se han repetido en bastantes de las intervenciones.
En primer lugar, una cierta irracionalidad en la asunción del obstáculo o amenaza. Recuerdo la intervención de Luis Fernández o la de Sergio, sobre el conflicto de Fiat. Se plantean unos ataques brutales a unas empresas que, en muchos casos, carecen de tradición sindical o tienen una muy débil organización. Son situaciones donde, por así decirlo, el sentido común te dice que allí no queda sino tirar la toalla. Pero lo que se rebela en muchos de los ejemplos escuchados es que, en situaciones donde el sentido común te dice eso, se impone un mecanismo que permite identificar una oportunidad allí donde hay una amenaza enorme. Decía Luis Fernández que esos ataques son una ocasión singular para hacer una pedagogía de la lucha.
Un segundo mecanismo interesante en relación con las oportunidades, presente en varias intervenciones, es la identificación de la fractura de intereses en las propias élites empresariales o políticas. Tanto en las residencias de Bizkaia como en el Textil y otros conflictos esto aparece claramente. Nosotros siempre decimos que las elites políticas y económicas van de la mano. Sí, pero a veces hay fracturas que se pueden aprovechar. Por ejemplo, en el caso del Textil de Bizkaia, hay una patronal, la de las empresas pequeñas, que quiere ser elite, pero no le dejan. Y eso marca un espacio de ruptura con la patronal de las grandes superficies. Hay un disenso en las elites; en este caso, los que quieren serlo y los que pretenden serlo en exclusiva y nosotros aprovechamos esa fractura para hacer acción sindical. A veces parece que las cosas no se mueven, pero no es así. La realidad es dinámica y hay que estar atentos.
Luego está el campo de las alianzas. Sean estas solventes, o sea la misma ausencia de alianzas. El ejemplo de Jaietan denok Jai, se desarrolla en Nafarroa sin alianzas; mientras que en la CAPV, el mismo conflicto, permite construir pequeñas alianzas con las asociaciones de consumidores, con los pequeños comercios, que juegan otro papel, que nos permite ir más allá del propio mundo sindical.
Ayer por la noche le preguntamos a Jean Lortie qué le parecía lo que había escuchado a lo largo de la mañana de ayer y dijo una cosa en que nosotros no habríamos reparado, pero para él era muy evidente: la elevada autoexigencia que percibe en ELA ante el papel que juegan otros sindicatos en las empresas. A mí no se me habría ocurrido formular algo así, y sin embargo, tiene razón. Txiki ha hablado de tres modelos sindicales y es evidente que la manera en que otros juegan te influyen y mucho.

Lo organizativo
Como decía, un segundo grupo de mecanismos tienen que ver con las cuestiones organizativas. Todos los teóricos de los movimientos sociales y políticos, saben que el descontento, la indignación, el agravio no es suficiente para articular la respuesta. Ese descontento hay que enmarcarlo (luego hablamos de esto) y hay que organizarlo, canalizarlo en un dinamismo organizativo. Y hay fórmulas que facilitan ese dinamismo, que posibilitan incluso la emergencia del sindicato donde no existía, o su consolidación donde no estaba consolidado, y finalmente la eficacia de la organización y la movilización. Hay fórmulas muy diversas, que nos han funcionado.
Antes decía Unai: “nos sabíamos las respuestas y nos han cambiado las preguntas”. Sí, pero algunas preguntas ya las hemos respondido. Por ejemplo, el cambio de escala que hemos liderado en el ámbito de las residencias de Gipuzkoa. Partes, hace unos años, de un convenio de ámbito estatal. Luego hablamos de un marco provincial. Y luego hemos hecho una cosa entre provincial y empresas, un experimento sui generis que no tiene parangón en los ámbitos sindicales que conocemos, ni el ámbito nacional ni internacional. Hemos imaginado que cuando una escala de lucha falla o no nos es favorable, podemos trabajar a otra escala y hacerlo además más eficazmente.
O la emulación, una especie de copia de un conflicto de un sitio respecto del de otro. Por ejemplo, el conflicto de residencias de Bizkaia como emulación del de Gipuzkoa. Son dos conflictos seguidos, distintos, pero hay aspectos que se parecen. Aprovechamos la experiencia lograda en uno para ir al otro. Adaptando fórmulas organizativas de un lugar en otro, hasta lograr, como escuchábamos antes, al neoliberal diputado general de Bizkaia, hablar casi como un representante sindical.
Un tercer mecanismo organizativo potente apareció claramente ayer en la intervención de Sergio. La clave para transformar una amenaza en oportunidad es la participación creciente de los trabajadores. El mecanismo por el que esos trabajadores se reapropian del sindicato, miran de frente a la amenaza u oportunidad, y se rehace una relación más democrática y participativa, y una mayor adhesión de los trabajadores al sindicato.
Paradójicamente, en relación con esta apropiación colectiva, aparece igualmente un elemento que acaba también de citar Txiki, el que se refiere a la impronta, al esfuerzo personal individual. Somos un proyecto colectivo, pero es no significa que los individuos no existen. La impronta de cada uno de nosotros es fundamental en nuestro ámbito de responsabilidad, porque se traduce en resultados efectivos.

Enmarcamiento
El tercer grupo de mecanismos que explican la innovación sindical tiene que ver con el sentido, con la ideología o lo que algunos llaman enmarcamiento de la movilización y el conflicto.
El conflicto parte de las injusticias, sí, pero estas no siempre son evidentes. A menudo, cosas que son muy injustas se dan por naturales: “las cosas siempre han sido así”. Quiero decir que la existencia objetiva de una injusticia no garantiza que va a haber una respuesta de protesta y menos de lucha. Para que se dé el salto entre injusticia y la lucha, hace falta, como hemos dicho, organización, pero también hace falta construir un esquema interpretativo. Hay que dar instrumentos de interpretación sobre lo que pasa; hay que relacionar asimismo todo lo que pasa con las relaciones de poder; hay que imponer los agravios, es decir, hay que poner sujeto, nombre y cara, a la injusticia de la que estoy siendo objeto (“los agravios no caen del cielo”). En relación con esto, creo que era Unai el que decía que la ideología dignifica el descontento, le da cuerpo a este descontento, y por eso la formación es una cuestión muy importante.
En relación con el enmarcamiento, un mecanismo clave es el de la formación de nuevos “palabros”, la formación de nuevas categorías. Voy a poner un ejemplo, que es el de las famosas cláusulas antirreforma. Nos parece algo natural, porque nosotros tenemos nuestra jerga, en muchas ocasiones “infumable”. Y decimos con toda naturalidad cosas como esa: “cláusulas antirreforma”. Estas cláusulas… ¿Qué son? Bueno, estaremos de acuerdo en que no son simplemente las líneas de texto, de literatura sindical, que se introducen en los convenios. Claro que lo son, técnicamente son literatura jurídica. Pero son algo más. Son un elemento ideológico y sindical de primer orden. Las llamadas “cláusulas antirreforma” son el listón que permiten discernir una cuestión fundamental: ¿este convenio es una mierda o merece la pena? Son el listón de ELA en la negociación colectiva, y a partir el hecho diferencial o uno de los hechos diferenciales de nuestro sindicalismo en relación con el de otros sindicatos.
Conseguir construir estas categorías es fundamental. Así fue en su día por ejemplo con la categoría de “mayoría sindical”. Mayoría sindical no es sólo una cuestión aritmética: mayoría sindical hace referencia a una colaboración, a una correduría sindical alternativa al sindicalismo de concertación y acompañamiento.
Esta formación de categorías tiene por tanto una dimensión ideológica fundamental. El objeto de estas categorías es la construcción de una identidad. Construir un “nosotros” frente a un “ellos”. Todo conflicto, para serlo, debe construir una identidad colectiva. Y ese nosotros que es cambiante en función de las alianzas. En Koxka, como decía Luis, es un nosotros casi étnico (una empresa en que son despedidos sólo los trabajadores afiliados al sindicato combativo). Pero en un conflicto como el de Horarios comerciales es un “nosotros” amplio y plural, en la medida en que se conecta con otros muchos agentes de la sociedad.
Por lo tanto, tres grupos de mecanismos que nos sitúan en un dinamismo, como decía, creo que virtuoso.

Cinco fases: negación, ira, depresión, falsa negociación y lucha
Llevamos seis años de crisis, y dos desde la reforma de la negociación colectiva. Nosotros dijimos en el Congreso confederal que esa reforma marca “un antes y un después” en las relaciones laborales de nuestro país. Cuando decimos antes y después, lo que estamos queriendo decir es que algo se ha muerto, y lo nuevo no acaba de nacer. Se nos ha muerto un escenario de negociación colectiva. Una famosa psiquiatra, Elisabeth Kübler-Ross2, decía que cuando alguien, sea una persona o colectivo, se enfrenta a una pérdida irreparable, se puede pasar por cinco fases. No todos recorren esas cinco fases, pero otros sí.
Unai hablaba antes de lo que se sufrió el primer año después de la reforma, explicándola, diciendo, precisamente eso: “ojo, que esto es un antes y un después”.
Cuando se produce esa pérdida, esa muerte de lo anterior, normalmente, reaccionamos en primer lugar mediante la negación. La negación consiste en decir que “esto no puede estar pasando”. “ELA lo pinta duro, pero el convenio sectorial vale igual que antes”.
La segunda fase es la indignación. Me refiero a la indignación, el acceso de ira o cólera que todos conocemos, pero que en muchas ocasiones te paraliza.
Dicen que la tercera fase, personal o colectiva, es la depresión o la renuncia. Es cuando uno tira la toalla: “esto no tiene solución”. Hemos perdido algo: un ser querido, la salud, o el mundo tal y como lo conocía y lo habitaba… y a partir de ahí creo que no hay nada que hacer.
La cuarta fase es la falsa negociación, o las falsas soluciones, muy peligrosa en el sindicalismo. Es la fase del chamán, del brujo, de la religión… Es la fase del “convenio puente” o del “nuevo modelo de relaciones laborales” o del “diálogo social”. Todas esas cosas que, de manera mágica, te solucionan los problemas a un precio sorprendentemente bajo.
Y la quinta fase –no todos llegan a ella– es la de enfrentar la realidad. Esto es lo más importante.

Hacerse cargo y encargarse de la realidad
Todos tenemos una experiencia personal, absolutamente todos y todas las que estamos aquí, tanto a nivel personal como colectivo. Todos tenemos la experiencia de habernos enfrentado a un peligro, o de alguien cercano que se han enfrentado a un peligro, a una amenaza, a una pérdida, a una enfermedad o a la misma muerte. Y todos hemos visto, estoy seguro, algo paradójico: que cuando dos personas distintas se enfrentan a una misma amenaza, a menudo sucede que una persona se convierte en un gigante; y sin embargo la otra, a la que aparentemente le pasa lo mismo, se convierte en una piltrafa humana. ¿Cómo es posible que, ante el mismo hecho, dos personas, aparentemente iguales, ante una amenaza similar, acaben reaccionando de una manera tan distinta? No estoy hablando de ganar o perder, sino de en qué se convierte uno en el proceso.
Yo creo que la clave de esa paradoja está precisamente en esta quinta fase, a la que no todos llegan. Es la fase de la asunción de la realidad: cuando uno, personal o colectivamente, decide mirar al peligro de frente. Algunos lo logran. Otros no. Y cuando no miras al peligro de frente, por mucho que intentes autoengañarte, el peligro viene y te arrolla. Siempre te arrolla. Tú huyes, pero la amenaza te da alcance y te destroza. Sin embargo, cuando decides mirar de frente, estás en condiciones de medir la dimensión real de la amenaza, y a partir de ahí luchar, dotarte de una estrategia, sea para ganar, o sea para perder… pero ya convertido en un gigante.
Empezamos este seminario con la metáfora del coyote y el correcaminos. Mirar de frente consiste en dejar de correr y de huir, y mirar de frente al peligro que acecha, medir la dimensión real de esa amenaza y plantearse un estrategia de lucha. Mirar de frente es intentar comerse al coyote. Nosotros no hemos nacido para echar a correr con la falsa pretensión de que así los problemas desaparecen. Nosotros hemos nacido para comernos al coyote. Y sólo hay un modo de hacerlo, que es parándose y mirándole de frente. Es posible que nos coma él, pero sólo mirando de frente podemos ganar. Si echamos a correr, finalmente, nos matará.
Durante estos días se han citado, para mi sorpresa, a varios filósofos, pero todos extranjeros. Pero yo voy a citar a uno de los nuestros, a Ellakuria, filósofo de Barakaldo. El sintentizó creo que magistralmente esta quinta fase de la que hablaba en una sóla frase. Decía que “hay que hacerse cargo de la realidad, hay que cargar con ella y, finalmente, encargarse de ella”3.

Es una frase magnífica. Primero “hacerse cargo”, es decir, ver la realidad tal cual es; es la honradez con lo real y esto contra nuestra tendencia a dar rodeos a ponernos vendas en los ojos, que nos impiden ver la contundencia de lo real. Segundo, el “cargar con la realidad”, que remite a lo mejor de nosotros mismo: es la reacción espontánea y natural de tratar de ayudar a otros a solucionar un problema, sin sentir eso que hacemos como algo especialmente meritorio por nuestra parte. Es cuando decimos con naturalidad, ¿cómo no voy a ayudar, qué otra cosa podía hacer? Esto está muy bien, pero no es suficiente. Ellakuria dice que hay que dar un tercer paso: “encargarse de la realidad”: es el momento estructural, sindical, político. No basta con el primer impulso solidario… Es el paso de la labor asistencial, de bombero, a la labor política, organizativa, estructural por el cambio social.

Comerse al coyote
Creo que colectivamente estamos en la quinta fase. Nosotros hemos decidido mirar de frente a la amenaza. Eso no significa que todos y cada uno de los militantes y cuadros del sindicato estén ya en la quinta fase. Los procesos personales son complejos. Y nos tenemos que apoyar mucho para ir recorriendo esas fases, para irlas cerrando. Pero colectivamente hemos decidido mirar a la realidad de frente, no autoengañarnos ni apostar por falsas soluciones, por duro que eso sea. Creo que todos los mecanismos que he citado rebelan eso, que miramos a la realidad de frente, y tenemos un punto fuerte: que nosotros no estamos hipotecados, ni financiera ni políticamente. Y a partir de ahí, podemos hacerlo bien, podemos hacer lo que nos hemos propuesto. Es una buena noticia. Gracias a todos y todas.
_______

1 TARROW S. El poder en movimiento: los movimientos sociales, la accion colectiva y la politica. Alianza Editorial. 2004. También TARROW, TILLY, MCADAM. Dinámica de la contienda política. Editorial Hacer. 

2 KUBLER-ROSS E. Sobre la muerte y los moribundos (alivio del sufrimiento psicológico). Editorial Debolsillo. 2010

3 SOBRINO J. «El pueblo crucificado y la civilización de la pobreza (el “hacerse cargo de la realidad” de Ignacio Ellacuría)» en Fuera de los pobres no hay salvación. Pequeños ensayos utópicos-proféticos Madrid Editorial Trotta. 2007. p. 26.

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